Homenaje a nuestra amiga Gayle Davis-Merlen

8 de junio de 2005

En homenaje a una amiga de Galápagos

Gayle vivió una vida sencilla, de dedicación y lealtad total. Concentró sus energías en la conservación de las Islas Encantadas con una constancia que cuesta igualar. Su amor por plantas y animales era auténtico y cuando abandonó las islas definitivamente, estaba más preocupada de que alguien regara y cuidase la plantita de Scalesia del jardín, que de su propia salud.

No era una gran nadadora, pero se preocupó tanto por los tiburones y los peces como por los pinzones y sus queridos "iggies". Se interesaba profundamente por el bienestar de todos los animales y establecía una relación especial con los que ella cuidaba. Entre éstos se contaban los piqueros patas azules, meaucas, y el magnífico Fred, una gaviota tijereta macho. ¿Y quién puede olvidar a "Whish", su pinzón favorito? Gayle pasó horas al sol y bajo la lluvia recogiendo para Whish moras y orugas de los caramillos. De ser un pichón de pinzón abandonado, Whish pasó a ser un pinzón acicalado, observador y recursivo. Cuánta emoción sintió Gayle cuando durante una tormenta, esta ave buscó refugio en ella, asiéndose de sus dedos y dormitando hasta que dejó de llover. Se horrorizó y se enojó mucho al enterarse de que otra embarcación pesquera con palangre proveniente de Costa Rica había sido liberada con 1000 aletas de tiburón abordo.

Muchos ya han resaltado su labor incansable en la biblioteca y su gran disposición a ayudar a todos los que le solicitaban ayuda. Pero Gayle fue mucho más que eso y creo que el ejemplo que dio en vida debe alentarnos a promover un mejor futuro para Galápagos.

Unas pocas semanas antes de morir, la llevé en auto hasta las calderas de volcanes conocidas como los Gemelos, ya que era uno de los sitios que más nos gustaban de Santa Cruz. El dosel verde de árboles de "lechoso" (Scalesia) con sus margaritas colgantes y la llamada entrecortada de los pinzones carpinteros deleitaban sus sentidos. A sus pies, se paseaban las palomas y en los árboles circundantes había pinzones y papamoscas bermellón que se movían de un lado al otro, lejos del bullicio y los ruidos estridentes de la ciudad, que ella detestaba. Se recostó y dormitó un rato rodeada de ese pequeño Cielo en la Tierra. Gayle amaba intensamente a Galápagos. Conoció su belleza y su sufrimiento, los esfuerzos de conservación por salvar el archipiélago y las fuerzas tenebrosas que amenazan destruirlo.

Algo que podemos hacer en su honor y para apaciguar sus sueños atribulados es redoblar los esfuerzos de conservación para preservar el único sitio de la tierra al que dedicó su vida y sus energías incansables. Nos mostró que es posible vivir en armonía con la naturaleza gracias a un profundo aprecio por lo que la naturaleza es en realidad; que sobrevivirá únicamente si la amamos como parte de nuestra vida, tanto en lo físico como en lo espiritual; que la codicia y la agresión son enemigos de la paz y la satisfacción interior.

Godfrey Merlen,
Esposo de Gayle, conservacionista

 


Gayle Davis era la guía de este "gringo" mientras yo me preparaba para convertirme en naturalista de Galápagos. Me animó en mis primeros y vacilantes intentos por interpretar la vida silvestre. Mientras trataba con dificultad de expresar de forma coherente mi aprecio por la belleza de la gaviota tijereta y el rabijunco piquirrojo de los acantilados de Plaza Sur combinado con mis conocimientos recién adquiridos de esas criaturas, el apoyo que ella me brindó fue decisivo.

Fue Gayle quien, en 1987, tomó el conjunto anárquico de conocimientos aportados por científicos residentes y visitantes, guarda parques, pobladores, antiguos guías, y funcionarios del Servicio del Parque Nacional de Galápagos y los organizó en lo que probablemente es el mejor curso de formación de guía naturalista del mundo. No es el mejor porque me transformó la vida y me abrió los horizontes para apreciar la belleza de la Tierra, aunque con eso habría bastado, sino además porque, cuando posteriormente me desempeñé como instructor de guías naturalistas y experto en ecoturismo por todo el mundo, descubrí que los criterios y principios que aquel curso me había transmitido eran de un nivel superior al de la mayoría.

Cualquiera que viese los libros con datos que llevaba Gayle sobre las observaciones de los guías relativas a la conducta de nidificación de fragatas, piqueros, y flamencos, y muchos otros datos, se quedaría inevitablemente sorprendido ante su consagración y minuciosidad para con la causa de la conservación. Este fue efectivamente el primer programa que monitoreó el impacto del turismo en las islas.

Cada vez que visitaba Puerto Ayora, lo que más deseaba yo era ver a Gayle y escuchar sus opiniones sobre los acontecimientos de las islas. El compromiso de Gayle y su consagración de toda una vida a la causa de la conservación fue y sigue siendo una fuente de inspiración para mí. Ella hizo lo que pudo por mejorar el mundo en que vivimos. Su sonrisa y su amor por la belleza de la naturaleza perdurarán en la mente de quienes tuvimos la suerte de conocerla.

Andrew Drumm,
Guía naturalista

 


Cuando llegué por primera vez a la Estación Científica Charles Darwin en 1991, la primera persona que conocí fue Gayle. En ese entonces, lo que yo más quería era convertirme en bióloga marina de Galápagos. Conocí a Gayle en "su terreno", la biblioteca, en donde a pesar del cartel de "Silencio", ella estuvo muy dispuesta a escucharme hablar de mis sueños y me dio ideas de cómo podía participar en la Estación.

Me mandó a hablar con Pablo Larrea, sub-director por aquella época, quien me indicó, para desilusión mía, que no había departamento de biología marina… todavía. Durante ese mes que pasé en 1991, Gayle siempre estuvo dispuesta a hablar conmigo, a indicarme documentos que debía leer, personas a las que debía ver, y todo con una gran sonrisa. Pero lo más importante: estuvo dispuesta a compartir conmigo su amor por las islas y su pasión por la conservación.

Creo que el tiempo que pasé con Gayle tuvo un profundo efecto en mí, pues me cuesta imaginarme fuera de estas islas. De ella, aprendí a respetar y amar a las islas, y a trabajar por su conservación.

Gracias, Gayle, por todo. Te echaré de menos.

Verónica Toral,
ECCD Coordinadora del Programa de Investigación de Especies Marinas

 


Recuerdo que cuando conocí a Gayle en la ECCD, ella estaba a cargo del proyecto del Centro de Interpretación Van Straelen. Yo siempre pasaba por ahí para saludar. Por esa época, yo era un naturalista joven e inexperto, y admiraba mucho a esos "gigantes" de la ciencia y la conservación.

Nosotros no éramos más que "comunicadores" mientras que los científicos "originaban" la información, y eso para nosotros los jóvenes era increíble. Sin embargo, Gayle, aunque daba clases en los cursos más famosos del Parque y la Estación, era una persona siempre accesible, abierta y dispuesta. Para ella, era natural preocuparse por la naturaleza, inclusive la naturaleza humana.

Cuando pienso en ella, lo primero que se me ocurre es la palabra "auténtica". Fue, es y siempre será auténtica. Era lo que creía: una conservacionista acérrima y asimismo humanista.

Y cuando uno vive la vida de una forma tan franca, aunque su paso sea breve, por más injusto que eso parezca, uno vive para siempre. Y con su tenacidad, sus obras perviven en la mente y el alma de las personas a quienes influenció.

Felipe Degel,
Guía naturalista, Oficial de Relaciones de los Guías del Servicio del Parque Nacional de Galápagos

 


Contactar a:
Estación Científica Charles Darwin
Galapagos-Ecuador
E-mail: cdrs@fcdarwin.org.ec
Página principal: www.darwinfoundation.org
Tel/Fax: 593-5-526-147/146