Navegando las cuarentenas en Galápagos

Un gavilán volando en una zona invadida por la mora en la parte alta de la isla Santiago

Cada año, entre febrero y junio, es la “época de calor” en Galápagos. Es durante este tiempo, mientras la neblina se despeja y el sol brilla, cuando el equipo del proyecto de mapeo de vegetación sale a volar el dron. A mediados de febrero del 2020, las condiciones se dieron para poder realizar una de mis salidas de campo preferidas: una visita a la parte alta en la isla deshabitada de Santiago, como parte de un viaje programado por la Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG). El objetivo de mi participación era sobrevolar el dron en áreas ocupadas por la mora invasora (Rubus niveus), para documentar su distribución actual y compararla con la distribución determinada a través de vuelos realizados en el pasado. Fue una exitosa salida de campo, tanto las nubes como los gavilanes nos permitieron volar el dron durante cada uno de los siete días que permanecimos en la caseta ubicada en la parte alta de Santiago. Pero más allá de eso, este viaje fue significativo para mí, pues sin saberlo, ésta sería mi última salida de campo antes de que nuestra movilidad quedara restringida a causa de la pandemia por COVID19. Por eso, las pequeñas experiencias, interacciones y conversaciones que llenaron este viaje terminaron siendo mucho más valiosas para mí.

A veces podemos pensar que las memorias de una salida de campo se definen por grandes momentos de descubrimiento científico. Pero si preguntan a cualquier persona que realiza su trabajo de campo en islas, seguramente les dirá que, entre sus momentos más emocionantes y memorables, hay recuerdos de embarques y desembarques. Y es que esa transición entre la lancha y la costa, que parecería ser tan fácil, muchas veces no lo es. En este viaje habíamos llegado a nuestro destino con marea baja, lo que significa que la lancha no pudo acercarse a la costa. Entonces la alternativa fue desembarcar a un grupo de 16 personas, con todo su equipo (cámaras, drones, carpas, comida, etc.), en varios viajes, usando para ello un pequeño zodiac, que fue navegado a remo por el guardaparque Milton Calva. Durante el trayecto, Milton me contó sobre su vida en la costa de Ecuador continental, cuando salía a pescar a remo en una pequeña embarcación. Aprecio mucho como, a pesar de que ese desembarque fue sin duda muy cansado para Milton, durante todo el trayecto prevaleció su buena disposición para asegurar que todos arribáramos sanos y salvos a la costa. Su esfuerzo es un ejemplo del trabajo que muchos individuos realizan en el campo, y el cual es importante reconocer y agradecer, puesto que, sin este trabajo, el avance científico sería imposible. En los siguientes días, el trabajo de campo fue agotador para todo el equipo y a pesar de esto prevaleció el buen ánimo para, al final del día, jugar “Ecuavóley”, cocinar rico y contar historias.

Desembarque en “La Bomba” en la isla Santiago con varios viajes en un pequeño zodiac navegado a remo y posterior ascenso a la “Caseta” en la parte alta de la isla. Al “remo”: Milton Calva; tripulantes (de izquierda a derecha): José Jiménez, Carlos Gaona, Novarino Castillo, Bolívar Guerrero y Marcelo Gavilanes
Desembarque en “La Bomba” en la isla Santiago con varios viajes en un pequeño zodiac navegado a remo y posterior ascenso a la “Caseta” en la parte alta de la isla. Al “remo”: Milton Calva; tripulantes (de izquierda a derecha): José Jiménez, Carlos Gaona, Novarino Castillo, Bolívar Guerrero y Marcelo Gavilanes. Foto: David Anchundia, FCD.

Una enseñanza de esta experiencia es que el buen ánimo del equipo y la buena dinámica social entre las personas que participan de los viajes de campo, son cruciales en el éxito de una salida de campo. Esto pues, durante el tiempo de trabajo, se convive en espacios y condiciones limitadas, y muchas veces enfrentados a situaciones no muy confortables. A veces, las personas que se participan de una salida de campo pueden tener perspectivas muy diferentes; sin embargo, requieren trabajar de manera colaborativa para asegurar el bienestar mutuo y el buen desempeño de su trabajo. Por eso, el humor y el respeto son tan importantes.

Pensé mucho en esto durante nuestra época de confinamiento en cuarentena, de regreso en Santa Cruz, y en lo importante que es desarrollar esas capacidades humanas para entendernos mejor dentro del ámbito personal y profesional. Me doy cuenta de lo vital que es nuestra participación en asegurar que nuestras dinámicas sociales permitan que todos y todas nos sintamos incluidos, respetados y apreciados, tanto en nuestras salidas de campo, como en nuestro día a día. También reconozco lo importante que es proteger un ambiente en el que no exista discriminación por temas de política, religión, género, etnia, orientación sexual o condición física.

De izquierda a derecha: Javier Castillo, Carlos Gaona, Jibson Valle y Bolívar Guerrero, frente a la caseta de Santiago al final de una larga travesía en la que lograron convencer a este caballo, habitante permanente de Santiago, de formar parte del equipo
De izquierda a derecha: Javier Castillo, Carlos Gaona, Jibson Valle y Bolívar Guerrero, frente a la caseta de Santiago al final de una larga travesía en la que lograron convencer a este caballo, habitante permanente de Santiago, de formar parte del equipo. Foto: Carolina Carrión, FCD.

Una reflexión que tuve durante el aislamiento al que nos llevó la pandemia fue lo que significa la palabra “cuarentena”. Esta no es una palabra nueva para quienes vivimos en Galápagos. Cuarentena fue lo que hicimos 72 horas antes de emprender nuestro viaje a Santiago, para asegurarnos de no transportar semillas u otros organismos vivos que puedan alterar los ecosistemas de la isla. Todos los integrantes del viaje llevamos todo nuestro equipaje a un lugar para que sea inspeccionado y guardado. Nuestro equipo no electrónico se guardó en un congelador y el resto en fundas selladas, fumigadas con un insecticida. Muy similar a la cuarentena que hemos tenido que seguir durante esta pandemia, la cuarentena antes de una salida de campo es esencialmente incómoda y a veces, las consecuencias de no hacerla son poco evidentes en el corto plazo. Sin embargo, creo que en Galápagos prima un sentido de compromiso colectivo, porque tenemos evidencia de cómo, algo muy pequeño, como un virus o una semilla, puede causar serios estragos una vez que llega a invadir un espacio. Un ejemplo de esto es la mora invasora, que fue introducida a las Islas Galápagos con la intención de ser aprovechada como cultivo agrícola, pero comenzó a dispersarse rápidamente causando efectos negativos. También se dispersó a áreas del Parque Nacional Galápagos (PNG) y ahora es una grave plaga difícil de controlar. Los guardaparques saben muy bien lo duro que es controlarla, porque ellos trabajan extrayendo manualmente esta planta, arrancándola de raíz, en sitios dentro del área protegida. Muchos de los guardaparques también trabajan como productores agrícolas y se enfrentan con esta planta invasora en sus fincas y con más retos, como otras plagas agrícolas, la escasez de agua dulce y un suelo lleno de roca volcánica. El trabajo de éstos productores agrícolas en Galápagos es sumamente difícil y valioso, y ha sido su producción de alimentos la que nos ha mantenido abastecidos durante la pandemia, incluso cuando el flujo de productos del continente disminuyó.

Mora invasora (Rubus niveus) en Santiago. La planta puede llegar a ser más alta que una persona, como se puede ver en la foto de la derecha y ocupar grandes extensiones
Mora invasora (Rubus niveus) en Santiago. La planta puede llegar a ser más alta que una persona, como se puede ver en la foto de la derecha y ocupar grandes extensiones. Fotos: Carolina Carrión, FCD y José Jiménez.

Encuentro muchos paralelismos entre los retos y soluciones que encontramos durante una salida de campo y las experiencias que estamos viviendo durante esta pandemia. Al igual que en la transición entre la lancha y la costa, nuestra transición por esta pandemia no ha sido sencilla y tenemos que aprender a remar coordinadamente; cuando no podemos remar, tenemos que reconocer a quienes lo hacen y participar en la formación de dinámicas sociales inclusivas y justas. Esta es una oportunidad para escuchar lo que los movimientos sociales que promueven inclusión y equidad están comunicando, para poder contribuir con estos movimientos desde nuestros propios campos de acción y fomentar un sentido de respeto mutuo. Creo que hay lecciones aprendidas en un viaje como este que pueden ser aplicadas a nuestra transición colectiva por esta pandemia, como comunidad. Los seres humanos somos todos parte de la naturaleza y tenemos una oportunidad para corregir nuestra ruta y aprender a movernos con los ritmos de la naturaleza.

De izquierda a derecha: Carolina Carrión volando el dron en Santiago, vista de dron a los pilotos y a un gavilán. Finalmente, Marcelo Gavilanes, el guardaparque que gentilmente me acompañó durante todo el viaje para vigilar los vuelos de dron y la interacción con los gavilanes, también está siendo vigilado por un gavilán mientras toma agua
De izquierda a derecha: Carolina Carrión volando el dron en Santiago, vista de dron a los pilotos y a un gavilán. Finalmente, Marcelo Gavilanes, el guardaparque que gentilmente me acompañó durante todo el viaje para vigilar los vuelos de dron y la interacción con los gavilanes, también está siendo vigilado por un gavilán mientras toma agua. Fotos: Carolina Carrión, FCD.

El proyecto de mapeo de vegetación es posible gracias al apoyo de: DigitalGlobe Foundation, Galápagos Conservancy, Keidanren Nature Conservation Fund, The Frankfurt Zoological Society, BESS Forest Club.

La Fundaciòn Charles Darwin para las Islas Galápagos, en francés,“Fondation Charles Darwin pour les îles Galapagos”, Association International sans but lucratif ("AISBL"), tiene una oficina registrada en Chaussée de la Hulpe 177 Bte 20 (rez) - 1170, Bruselas, y está registrada bajo un registro de comercio en Bruselas bajo el número 0409.359.103.

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