Buscando quelpos y buceando con la Dra. Sylvia Earle

Las algas pardas gigantes se parecen mucho a las plantas, pero en realidad pertenecen al reino de los protistas, por lo que ni siquiera están estrechamente relacionadas. Sin embargo, al igual que los árboles, las algas quelpos pueden formar vastos doseles submarinos, llamados bosques de quelpos en los cuales miles de otras especies marinas se alimentan, crían y encuentran refugio. Los quelpos son algas de aguas frías que necesitan nutrientes, luz y un lecho marino rocoso en el que sus rizomas (sistema parecidos a raíces) puedan anclarse). Por eso los bosques de quelpos se encuentran casi exclusivamente en las costas de las latitudes altas donde las aguas son frías. Sin embargo, hay algunas excepciones, por ejemplo, Eisenia galapagensis fue la primera especie de quelpo tropical registrada en el mundo en la década de 1930 en las Islas de Galápagos.

Eisenia galapagensis. Foto: Taylor Griffith

Aunque el archipiélago de Galápagos se encuentra justo en el Ecuador, donde el clima es tropical, varias corrientes de agua fría afloran en las costas de las islas más occidentales y sudorientales. Esto significa que muchas especies de aguas frías, como pingüinos, lobos marinos y quelpos, pudieron hacer de estas islas su hogar. La especie Eisenia galapagensis representa el alga de mayor tamaño en las islas, y es endémica, lo que significa que sólo se encuentra en Galápagos. También está clasificada como especie en peligro de extinción, ya que fue eliminada casi por todo el archipiélago durante el fenómeno de El Niño de 1982-1983. Desde entonces, las observaciones de quelpos han sido raras y limitadas a la región oeste del archipiélago donde las aguas son más frías. Esto ha llevado que se sepa muy poco sobre la biología y ecología de los quelpos de Galápagos y los hábitats que forman.

Cuando me incorporé al equipo de la Fundación Charles Darwin, me enteré del enigma de este quelpo endémico. Así que cuando empecé a estudiar los hábitats de los montes submarinos a profundidades mesofóticas (40-200 m) utilizando un ROV (Vehículo Operado Remotamente) en 2018, nunca imaginé que descubriría un extenso bosque de quelpos a una profundidad de 40-70 m, cubriendo la cima de un pequeño monte submarino situado en la región central del archipiélago. Ante este hallazgo inesperado, me quedé perpleja. Aunque en aquel momento sabía poco sobre la biología de los quelpos, sí estaba consciente, que encontrar algas tan grandes de crecimiento rápido a esas profundidades donde llega poca luz era lo último que se podía esperar. Sylvia, por su parte, estaba encantada, ya que fue una de las últimas científicas en observar y recolectar ejemplares de quelpos en las islas Galápagos a finales de los años setenta. Sin embargo, no estaba tan sorprendida, ya que había observado que, si llegaba suficiente luz más allá de los 50 m de profundidad, formando un escenario perfecto para que prosperaran las comunidades de algas de aguas frías (Earle 1980).

Sylvia visitó las islas un mes después de nuestro hallazgo. Nos conocimos y congeniamos tan bien que me motivó para seguir estudiando este ecosistema y hacer un doctorado. Le prometí que lo realizaría, y en 2020 comencé mis estudios de doctorado sobre la distribución de quelpos en Galápagos y su resiliencia ante el cambio climático. Ella también cumplió su promesa de apoyarme.

Cuando Salomé Buglass (Ecóloga marina de la Fundación Charles Darwin) conoció a la doctora Sylvia Earle en Galápagos en 2018).

En 2019, realizamos nuestra primera expedición juntas y con el equipo de Mission Blue en el M/V Argo, nos dirigimos directamente a los bosques de algas recién descubiertos, lo que me dio la oportunidad de coleccionar más datos de sobre este misterioso ecosistema profundo en un submarino (más información sobre esta expedición aquí). La obtención de muestras, nos llevaron a darnos cuenta que los quelpos encontrados eran muy diferentes a la especie E. galapagensis, que posiblemente era nueva para la región y la ciencia (Buglass et al 2022). Sin embargo, para estar seguros necesitábamos comparar las especies genéticamente, para lo cual requeríamos una muestra fresca de la E. galapagensis, la misma que no se había visto desde el 2006 y 2010 en las remotas y extremadamente expuestas costas occidentales de Fernandina e Isabela.

Salomé (izquierda) y la Dra. Sylvia Earle con sus muestras de algas a bordo de la Expedición Mission Blue Galapagos Islands Hope Spot 2019. Foto: Amanda Townsel, Mission Blue

Sylvia estaba dispuesta a ayudarme a encontrar este eslabón perdido. Después de una larga pandemia, a mediados de julio del 2022, nos reunimos nuevamente en el M/V Argo, junto a un equipo fantástico de científicos locales e internacionales, personal del Parque Nacional de Galápagos, cineastas y fotógrafos.

Grupo de investigadores y cineastas a bordo del Argo para la Expedición en las islas Galápagos 2022 de Mission Blue.

En esta expedición de Mission Blue visitamos los lugares más remotos del archipiélago, lo que me dio la oportunidad de buscar más quelpos en aguas profundas. Para ello usaba un ROV con que me permitía hacer inmersiones rápidas en aguas profundas hasta 50-80m.

Salomé desplegando su ROV (vehículo operado remotamente) submarino en busca de algas profundas durante la Expedición Galápagos 2022 de Mission Blue. Foto: Franck Gazzola, ROLEX

Varias veces al día, el equipo me preguntaba si "¿hallaste quelpo?", a lo que yo sólo podía responder "todavía no". Por suerte, Sylvia siempre me miraba de forma tranquilizadora y recordaba a todos que debían también estar atentos por si observan algas que podrían ser quelpo ya fuera buceando o en el submarino. Finalmente, llegamos a Fernandina, la isla más joven y más occidental, situada en un punto geológico crítico de las Galápagos, y el lugar donde se vio por última vez el alga endémica. Esta vez decidí buscarlo buceando, con un equipo pequeño de buzos experimentados para hacer una corta inmersión vertical a 30 m de profundidad en un sitio muy expuesto en la costa oeste de Fernandina llamado Paraíso de Pedro. Cuando llegué al fondo me sentí como si estuviera buceando en la costa oeste de Canadá, hacía frío (~17C), y el fondo marino estaba cubierto de una exuberante variedad de diferentes macroalgas luminosas que formaban una hermosa alfombra con colores vibrantes en tonos rojo, marrón y verde.

Macroalgas luminosas rojas y marrones forman coloridas praderas submarinas sobre los arrecifes rocosos de la costa occidental de la isla Fernandina. Foto: Tui De Roy

Los otros buzos varias veces señalaban hacia algas que creían que podía ser el quelpo. Dada mi obsesión con quelpos por los últimos años ya podía distinguirlos de otras algas pardas con alta certeza. Pasaron unos 15 minutos hasta que, voilà, divisé una, luego dos y unas cuantas más. Aunque complacida del hallazgo, tenía que concentrarme porque el tiempo apremiaba, así que recogí rápidamente muestras de quelpos. Como sólo disponíamos de un día en este lugar, hicimos una segunda inmersión para hacer video transectos, tomar muestras de agua y de otras algas que cohabitan con estos quelpos.

Salomé acuna el alga Eisenia galapagensis, rara vez vista; es la primera vez que la ve y la toca. Foto: Johan Candert, DeepSea

Por último, Taylor, el nieto de Sylvia que también es un apasionado por los quelpos, me acompañó para ver si podíamos encontrarlos a mayor profundidad utilizando el submarino DeepSee. Como el submarino sólo se puede lanzar en aguas tranquilas, no podíamos volver al mismo sitio, así que no estaba segura de que tuviéramos suerte. A medida que ascendíamos por una pared submarina a partir de los 180 m de profundidad, nos encontramos con los jardines de gorgonias, esponjas y corales negros, tan espectaculares que parecía la exhibición de un acuario.

Taylor Griffith y Salomé encuentran un "bosque animal" de aguas profundas formado por corales negros, que observaron desde el sumergible Deepsee a unos 100 m de la costa occidental de la isla Fernandina Foto: FCD/MissionBlue

La cereza del pastel llegó cuando alcanzamos la cima de la cornisa a 40-30 m, cubierta por un denso bosque de algas E. galapagensis. Taylor, Juval (nuestro magnífico piloto) y yo observamos asombrados cómo las algas se balanceaban (o bailaban) de un lado a otro con el oleaje, y bancos de peces y algún que otro lobo marino nadaban entre ellas.

La larga búsqueda termina. Taylor y Salomé encuentran un espeso bosque de algas Eisenia galapagensis desde el sumergible Deepsee a unos 30 m de profundidad frente a la costa occidental de la isla Fernandina. Foto: FCD/MissionBlue

De vuelta a bordo del Argo; Sylvia, Taylor y yo no perdimos tiempo en procesar las muestras de algas frescas que recogimos. Esto implicó tomar medidas de cada alga, y preservar pequeños cortes de sus tejidos para el estudio genético que finalmente resolvería el enigma, si tenemos dos especies diferentes de algas en Galápagos. Tenía la suerte de contar con los conocimientos de Sylvia, una ficóloga (científica especializada en algas) experimentada, quien me enseñó como usar equipos improvisados para prensar las muestras de algas, ya que es la mejor forma de conservarlas. Sylvia, Taylor y yo trabajamos hasta altas horas de la noche, ya que solo teníamos una salvaguarda más. Dos días después, me tuve que despedir con tristeza de mi equipo de esta gran expedición. Pero al mismo tiempo me desembarcaba con felicidad ya que llevaba conmigo una enorme caja de cartón en el que llevaba nuestros especímenes de quelpo, junto con una serie de muestras genéticas. Misión cumplida: ¡quelpo hallado!

Parte de nuestras muestras se enviarán pronto a unos colegas japoneses expertos en genética de algas. Ellos nos ayudarán a resolver finalmente si Galápagos es el hogar de una sola especie de alga que morfológicamente puede variar mucho, o de dos especies de algas, una de ellas siendo una nueva especie para la región y potencialmente para la ciencia. Nuestro objetivo es publicar nuestros resultados en los próximos 6 meses, así que permanezcan atentos.

Salomé, Sylvia y Taylor procesaron meticulosamente cada una de las valiosas muestras de algas que ayudarán a resolver muchas preguntas sin respuesta sobre las misteriosas poblaciones de algas de Galápagos. Foto: Taylor Griffith

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