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Scalesia: evolución y supervivencia

Roberto Maldonado
13 Abr 26 /

Scalesia:
Evolución y supervivencia

En las laderas de la isla Santa Cruz, donde la neblina aparece y desaparece en cuestión de horas y el paisaje cambia en pocos kilómetros, crece un grupo de plantas que permite observar un proceso fundamental: la evolución en acción. Se trata del género Scalesia, conocidas como las “margaritas de Darwin”. En este entorno, donde las condiciones varían incluso a corta distancia, estas plantas ofrecen una oportunidad concreta para entender cómo la vida responde a su entorno.

La clave para entenderlas está en su diversidad. A simple vista, no todas son iguales: algunas alcanzan alturas cercanas a un árbol, mientras otras se mantienen bajas y compactas. Sus hojas también varían en tamaño, forma y textura. Estos rasgos —altura, estructura y hojas— son el punto de partida para leer lo que ocurre. Por ejemplo, Scalesia pedunculata puede crecer como un árbol en las zonas húmedas de las tierras altas, alcanzando varios metros de altura, mientras que otras especies en zonas más secas permanecen mucho más pequeñas y compactas, con hojas más gruesas que ayudan a reducir la pérdida de agua.

Estas diferencias no son casuales. Responden a condiciones específicas del entorno. Los cambios en altitud, humedad, temperatura o tipo de suelo influyen directamente en cómo crece cada planta. Lo que vemos por fuera es la expresión de ajustes internos que permiten a cada especie sobrevivir en un ambiente particular.

Mirar estas variaciones y preguntarse por qué existen conecta con el enfoque que planteó Charles Darwin. Aunque no estudió en detalle a las Scalesia, el principio es el mismo: comparar, identificar patrones y buscar explicaciones. En este caso, la respuesta está en la radiación adaptativa, un proceso en el que una especie ancestral se diversifica en varias especies, cada una adaptada a condiciones ambientales distintas.

En Galápagos, ese proceso es evidente. Las Scalesia se han diversificado para ocupar diferentes zonas de la isla, ajustando su forma y funcionamiento a las condiciones de cada lugar. No son plantas estáticas; tienen capacidad de respuesta. Esta diversificación no solo explica su presencia en distintos hábitats, sino también las diferencias que se observan incluso dentro de una misma isla. Entender este proceso no es solo mirar al pasado, también ayuda a explicar cómo estas especies pueden responder a los cambios actuales.

Patricia Jaramillo

Sin embargo, esa capacidad tiene límites. Las condiciones actuales no son las mismas en las que evolucionaron. La presencia de especies invasoras, los cambios en el uso del suelo y la variabilidad climática están alterando los ecosistemas donde crecen. La pregunta ya no es solo cómo se adaptaron, sino si pueden mantener el ritmo frente a cambios más rápidos y menos previsibles, que ponen a prueba su capacidad de ajuste.

Para responder a esa pregunta, el Proyecto Galápagos Verde 2050 (GV2050) de la Fundación Charles Darwin, junto con la Universidad de las Américas y la Universidad del Rosario, analizaron cinco especies de Scalesia: S. pedunculata, S. retroflexa, S. affinis, S. crockeri, and S. helleri. El estudio se centra en evaluar cómo rasgos como la altura de la planta, el tamaño de las hojas y las características estructurales responden a los cambios de temperatura a lo largo del año en distintos puntos de la isla Santa Cruz.

Patricia Jaramillo
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Los resultados confirman lo que la observación ya sugería: estas plantas pueden ajustarse porque modifican el tamaño de sus hojas, su estructura y su funcionamiento interno. No son organismos pasivos; responden activamente a su entorno. Esta capacidad de ajuste, aunque limitada, es clave para su permanencia en ambientes variables.

Pero adaptarse no equivale a resistir cualquier cambio. Cuando las condiciones se vuelven más extremas o cambian con mayor rapidez, esa capacidad puede no ser suficiente. Algunas especies muestran mayor flexibilidad y otras son más vulnerables. Ahí radica el riesgo, especialmente en contextos donde las presiones ambientales se intensifican.

Por eso, observar sigue siendo una herramienta central. Cambios en la forma, el tamaño o la estructura de una planta pueden ser señales tempranas de que el entorno está cambiando. No siempre hace falta un laboratorio para detectarlo; muchas veces, las propias plantas ya lo están indicando. En ese sentido, la observación sistemática en campo sigue siendo una base insustituible.

Este tipo de investigación conecta la observación en campo con evidencia científica, y se traduce en mejores decisiones: sistemas de monitoreo más precisos, esfuerzos de restauración y conservación mejor dirigidos y una identificación más clara de las especies y zonas que requieren atención urgente.

La diversidad de las Scalesia no es solo un rasgo biológico; es también un indicador de su capacidad —y sus límites— frente al cambio. Prestar atención a estos patrones nos ayuda a entender qué especies son más vulnerables y dónde se necesitan más los esfuerzos de conservación.

El proyecto Galápagos Verde 2050 articula este esfuerzo para generar información clave que oriente estrategias de monitoreo, conservación, restauración y manejo de especies vegetales amenazadas en el archipiélago.

Roberto Maldonado

Oficial de Comunicación y Medios Tradicionales

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