¡Criando moscas para controlar moscas!
Durante los últimos 16 años, los investigadores han trabajado arduamente para comprender mejor a la mosca invasora Philornis downsi, una especie que representa una seria amenaza para la supervivencia de las aves endémicas en las Islas Galápagos. Esta tarea no ha sido fácil y aún existen muchas incógnitas sobre esta especie, comúnmente llamada la mosca vampiro aviar.
En el laboratorio de Philornis downsi en la Estación Científica Charles Darwin, el trabajo se centra en responder a preguntas científicas claves que ayuden a descubrir su biología y su comportamiento, con el fin de encontrar soluciones prácticas para controlar a este insecto invasor.
Rutina diaria en el laboratorio
Cada semana comienza con una planificación cuidadosa de las tareas, así como controles de calidad para garantizar que todas las actividades cumplan con estrictos estándares científicos.
El proceso inicia con la recolección de los huevos ovipositados por las moscas en las superficies de malla dentro de sus contenedores. Además, para estimular la puesta de huevos, unas cincuenta hembras se colocan en pequeños recipientes plásticos especialmente modificados con espuma flex. El estrés generado en este ambiente las induce a ovipositar, lo que ayuda a mantener la población del laboratorio. Estos huevos se trasladan luego a la sala de cría, donde comienza un proceso altamente controlado y detallado que intenta reproducir las condiciones que las moscas experimentan en los nidos de aves.
Las larvas de la mosca vampiro aviar pasan por tres etapas de desarrollo. La primera dura cuatro días y es la más frágil, con tasas de mortalidad que pueden alcanzar hasta el 50%. En esta fase, las larvas se mantienen en recipientes dentro de incubadoras con temperatura y humedad fijas, alimentadas con sangre de gallinas criadas en libertad. La segunda etapa dura entre cinco y seis días, y la tercera dos días. En estas fases, la mortalidad es menor y las larvas se crían en recipientes con fibra de celulosa para mantener la humedad y se alimentan con sangre de pollo de engorde mezclada con levadura de cerveza. La limpieza diaria, el retiro de individuos muertos y el reemplazo del alimento aseguran colonias saludables hasta que las pupas (el estadío entre larva y adulto) son extraídas para la cría o para experimentos. Cabe destacar que la mosca vampiro aviar no respeta horarios de oficina: el trabajo continúa los fines de semana y feriados, ¡las moscas necesitan comer y beber!
De la investigación a la acción
Uno de los mayores retos para mantener colonias de la mosca vampiro aviar en el laboratorio es aumentar la tasa de apareamientos, que actualmente es del 10%. Esto obliga a recolectar diariamente hembras apareadas en la naturaleza para obtener huevos fertiles y asegurar la crianza suficiente de pupas para estudiar métodos de control. También se requieren grandes cantidades de moscas para entender qué condiciones permiten que se apareen y completen su ciclo de vida en cautiverio. Actualmente, los científicos están investigando qué estímulos faltan en el laboratorio que sí existen en el medio silvestre. Están probando la respuesta de las hembras a los olores de los machos para evaluar el papel de las feromonas y están analizando las tasas de apareamiento bajo diferentes condiciones de iluminación. Poco a poco se va aprendiendo más sobre las necesidades reproductivas de esta especie invasora.
En 2025, a pesar de la reducción significativa en la disponibilidad de hembras silvestres, el laboratorio logró producir alrededor de 9 000 pupas. De estas, 6 000 fueron enviadas a la Escuela Superior Politécnica del Litoral, donde se mantienen colonias de dos enemigos naturales de la mosca vampiro aviar para evaluar su potencial en un programa de control biológico. Este logro destaca la capacidad del equipo para adaptarse y mejorar continuamente los métodos de cría en condiciones desafiantes.
La importancia del registro de datos
Los logros del laboratorio dependen de un equipo dedicado y coordinado, así como de la colaboración de un amplio grupo de científicos. El equipo está liderado por Charlotte Causton como investigadora principal, con Paola Lahuatte como investigadora y responsable del funcionamiento diario del laboratorio. También trabajan tres asistentes de investigación: Magally Infante, encargada de la cría de moscas; Andrea Cahuana, quien coordina el trabajo de campo y manejo de las moscas adultas; y Joselyn Yar, quien apoya la evaluación del control biológico como herramienta de conservación. Además, voluntarios locales, nacionales e internacionales colaboran en el laboratorio durante períodos de 2 a 6 meses, adquiriendo valiosa experiencia. Aunque sus roles difieren, cada miembro desempeña una función crítica. Juntos forman un equipo que traduce la investigación científica en acciones concretas para proteger los ecosistemas de las Islas Galápagos.
Ciencia con un propósito claro
El trabajo del laboratorio está estrechamente vinculado a la conservación en Galápagos. Al criar grandes cantidades de Philornis downsi, los científicos pueden evaluar el control biológico y la Técnica del insecto estéril para proteger a los pinzones de Darwin y otras aves terrestres. Las prioridades actuales incluyen mejorar la supervivencia larval, incrementar el éxito reproductivo y ajustar las dietas. El progreso depende no solo de grandes descubrimientos, sino también de las rutinas diarias: limpiar recipientes, manejar larvas y registrar datos. Este esfuerzo constante demuestra cómo la investigación aplicada y la dedicación sostenida pueden ofrecer soluciones prácticas para proteger a las especies endémicas.
El equipo detrás del trabajo
Los logros del laboratorio dependen de un equipo dedicado y coordinado, así como de la colaboración de un amplio grupo de científicos. El equipo está liderado por Charlotte Causton como investigadora principal, con Paola Lahuatte como investigadora y responsable del funcionamiento diario del laboratorio. También trabajan tres asistentes de investigación: Magally Infante, encargada de la cría de moscas; Andrea Cahuana, quien coordina el trabajo de campo y manejo de las moscas adultas; y Joselyn Yar, quien apoya la evaluación del control biológico como herramienta de conservación. Además, voluntarios locales, nacionales e internacionales colaboran en el laboratorio durante períodos de 2 a 6 meses, adquiriendo valiosa experiencia.
Aunque sus roles difieren, cada miembro desempeña una función crítica. Juntos forman un equipo que traduce la investigación científica en acciones concretas para proteger los ecosistemas de las Islas Galápagos.