El inesperado renacer de Lecocarpus lecocarpoides en Galápagos
En Galápagos existen apenas seis géneros de plantas endémicas, linajes evolutivos exclusivos del archipiélago. Uno de ellos es Lecocarpus, al que pertenece Lecocarpus lecocarpoides, una de las plantas más amenazadas de la isla Española. Conservarla significa proteger una rama única de la evolución de Galápagos.
Además de su valor evolutivo, podría desempeñar un papel importante en el ecosistema al interactuar con polinizadores, insectos y posiblemente con los pinzones de Darwin, aunque su biología aún sigue siendo poco conocida.
Mi historia con Lecocarpus lecocarpoides comenzó en 2008, durante una expedición botánica a Punta Manzanillo. Al recorrer aquel sitio comprendí que estaba frente a una de las plantas más vulnerables de Galápagos.
"Recuerdo haber pensado que, si algún día tenía la oportunidad, haría todo lo posible por contribuir a la conservación de esta especie, pero nunca imaginé que aquella promesa se convertiría en casi dos décadas de investigación”.
Durante los años siguientes, esa promesa se transformó en ciencia. Estudiamos su taxonomía, su distribución y su estado de conservación. En la Estación Científica Charles Darwin desarrollamos, por primera vez, protocolos de propagación ex situ, aprendiendo a germinar sus semillas, producir nuevas plantas y obtener semillas viables para impulsar su recuperación.
Cada avance respondía una pregunta, pero aún quedaba por resolver la más importante: ¿podría una población restaurada regenerarse por sí sola?
Los registros nos mostraban que la población de Lecocarpus lecocarpoides en Punta Manzanillo, ha fluctuado durante décadas. Sin embargo, nuestra preocupación ocurrió cuando, en los monitoreos realizados entre 2012 y 2018, no registramos un solo individuo. Temíamos que la especie hubiera desaparecido de este sitio.
En noviembre de 2020 encontramos una pequeña población de apenas 24 plantas sobreviviendo en Punta Manzanillo, que representaban la última oportunidad para recuperar la especie.
A partir de 50 semillas desarrollamos por primera vez protocolos de propagación ex situ. Entre 2022 y 2024, en un área protegida establecida conjuntamente con la Dirección del Parque Nacional Galápagos, reintrodujimos nuevas plantas dentro del único sitio donde esta población aún sobrevive de forma natural.
En enero de 2025, cuando regresamos, ninguna planta había sobrevivido, no observamos nuevas plántulas ni señales de regeneración natural. Después de años de investigación y trabajo de campo, pensamos que todo el esfuerzo había fracasado.
El inesperado renacer
Lo que no sabíamos era que aquellas plantas, antes de morir, produjeron semillas viables que permanecieron ocultas en el suelo, esperando las condiciones adecuadas para germinar.
Diecisiete meses después regresamos a Punta Manzanillo. Esta vez el paisaje nos contaba una historia completamente distinta. Comenzamos a recorrer el área protegida y, de pronto, apareció una pequeña plántula entre las rocas. Después encontramos otra... y otra más. Poco a poco dejamos de contar individuos aislados y empezamos a comprender que estábamos frente a algo extraordinario.Al finalizar el recorrido registramos 54 plántulas creciendo de forma natural y más de 200 semillas en el área de estudio.
En ese instante comprendimos que las plantas madre habían cumplido su misión: producir semillas viables capaces de regenerar la población de manera natural.
Una señal de esperanza para la conservación
Este hallazgo cambió nuestra forma de entender la restauración ecológica y la recuperación de especies en peligro de extinción.
Durante años pensamos que el éxito dependía de la supervivencia de las plantas reintroducidas. Sin embargo, Lecocarpus lecocarpoides nos mostró que, aunque las plantas madre murieron, dejaron un legado de semillas capaz de devolver a la población su capacidad de regenerarse por sí sola.
Para una especie cuya distribución mundial se restringe a una pequeña área de Punta Manzanillo, encontrar una nueva generación creciendo sin intervención humana, representa una de las señales más alentadoras para su recuperación.
Durante esta expedición también recolectamos semillas producidas naturalmente para continuar los estudios de germinación e incorporamos nuevas plantas propagadas en la Estación Científica Charles Darwin para seguir fortaleciendo la población.
Al mismo tiempo, continuamos investigando aspectos como sus posibles interacciones con polillas y pinzones de Darwin, relaciones que podrían ser fundamentales para comprender su recuperación a largo plazo.
Las 54 plántulas que hoy emergen entre las rocas son la primera evidencia de que las plantas que propagamos y reintrodujimos lograron dejar descendencia y devolverle a la especie la posibilidad de continuar su historia de manera natural.
Después de casi dos décadas de investigación comprendí que restaurar una especie significa devolverle la capacidad de reproducirse, persistir y seguir evolucionando por sí misma.
Ese es, quizá, el mayor aprendizaje que Lecocarpus lecocarpoides nos ha regalado.