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Una memoria construida con ingenio y constancia

Rosita Calderón Barrera
23 Sep 26 /

Una memoria construida con ingenio y constancia

Mirar hoy a la Colección de Organismos Marinos de la Estación Científica Charles Darwin (MCCDRS) es observar décadas de conocimiento organizado, miles de especímenes preservados y una infraestructura científica que respalda investigaciones en Galápagos. Sin embargo, esta historia comenzó modestamente, en espacios adaptados, con recursos limitados y con la convicción de que cada muestra recolectada en el archipiélago podía aportar conocimiento futuro.

De registros manuscritos a una colección científica

Durante los primeros años, los especímenes provenientes de expediciones científicas eran preservados y organizados con los materiales disponibles. Frascos, etiquetas escritas a mano y registros en cuadernos físicos formaban parte de un sistema construido con constancia. Antes de las bases de datos y de las plataformas digitales especializadas, la información dependía de registros manuscritos y de métodos de organización desarrollados a partir de la experiencia.

Ese trabajo pionero permitió sentar las bases de lo que hoy es la Colección de Organismos Marinos. El crecimiento de los especímenes procedentes de expediciones científicas, programas de monitoreo ecológico y aportes de pescadores locales y guías naturalistas hizo evidente la necesidad de contar con un sistema permanente que asegurara su conservación y documentación.

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En 1979 se dio un paso decisivo, se estableció un espacio dedicado al almacenamiento de las muestras de organismos de la Estación Científica Charles Darwin. En 2008, se crearon subsecciones específicas con condiciones controladas. Este proceso no representó únicamente una mejora de infraestructura. También consolidó una memoria capaz de registrar la biodiversidad marina de Galápagos y los cambios que pueden producirse en sus ecosistemas a lo largo del tiempo.

Cada muestra preservada contiene información asociada al lugar y al momento en que fue recolectada. Por ello, el valor de una colección científica depende tanto del espécimen como de la calidad de sus datos asociados.

La documentación de la colección también evolucionó. Los primeros datos fueron consignados en un cuaderno de catalogación que reunía la información disponible de cada muestra. Ese primer catálogo físico se conserva en la biblioteca de la Fundación Charles Darwin como testimonio de los esfuerzos pioneros por organizar y preservar el conocimiento generado en las islas.

En esta etapa, la colección era identificada con el acrónimo CDRS, correspondiente a Charles Darwin Research Station. Con el tiempo, su valor dejó de entenderse únicamente como el almacenamiento de material científico. La colección comenzó a consolidarse como una herramienta para la investigación, la educación y la conservación.

Personas detrás de la memoria sobre la biodiversidad de Galápagos

En este proceso fueron importantes los aportes de Stuart Banks y Frank Bungartz, quienes impulsaron la consolidación y valoración de décadas de material de referencia como un recurso estratégico para documentar los cambios en la biodiversidad de Galápagos. También contribuyó el Dr. Cleave Hickman, de la Universidad de Virginia, cuyo trabajo en biodiversidad marina y en la formación de investigadores, técnicos y estudiantes fortaleció el valor científico y educativo de la colección.

El crecimiento de la Colección de Organismos Marinos planteó el desafío de recuperar y organizar la información acumulada durante décadas. Cuadernos de campo, etiquetas, catálogos, matrices y registros históricos debían revisarse y vincularse correctamente con los especímenes.

En un contexto en el que el acceso a tecnología especializada en Galápagos era todavía limitado, Nathalia Tirado-Sánchez y Rosita Calderón-Barrera lideraron procesos de recuperación, revisión, validación, organización, curación y digitalización de miles de registros históricos. Su trabajo permitió rescatar información dispersa en documentos físicos y relacionarla nuevamente con las muestras correspondientes. Esta tarea fortaleció la utilidad científica de la colección y mejoró el acceso a los datos para futuras investigaciones. También contó con la participación de galapagueños: estudiantes, asistentes de investigación, voluntarios y colaboradores locales que ampliaron el componente formativo y el vínculo entre ciencia y comunidad.

Rashid Cruz

Un patrimonio para el futuro

La consolidación institucional llegó en 2014, cuando la colección obtuvo oficialmente su registro ante el entonces Ministerio de Ambiente. Este reconocimiento la incorporó formalmente al patrimonio científico del Ecuador y reforzó su papel como memoria sobre la biodiversidad de Galápagos. Hoy, la Colección de Organismos Marinos cumple múltiples funciones. Sus especímenes y registros permiten apoyar investigaciones sobre biodiversidad, identificar cambios en los ecosistemas, anticipar riesgos, fortalecer acciones de bioseguridad, aportar información para la gestión de la Dirección del Parque Nacional Galápagos y apoyar procesos de educación ambiental y formación científica.

Además, la información asociada a las ejemplares está disponible a través de la página web de la FCD, lo que amplía su alcance y facilita su consulta desde distintos lugares del mundo. De esta manera, un trabajo que comenzó con cuadernos, etiquetas manuscritas y espacios improvisados se ha transformado en una infraestructura científica de relevancia nacional e internacional.

La Colección de Organismos Marinos (MCCDRS) es, en esencia, una memoria viva de la biodiversidad de Galápagos. Cada espécimen conserva una evidencia del pasado, pero también ofrece información para comprender el presente y orientar decisiones futuras.

Detrás de cada registro existe una historia de expediciones, investigación, curaduría, digitalización y colaboración. Preservar esta colección significa preservar conocimiento: un legado construido durante décadas por la FCD y por las personas que han contribuido a estudiar y conservar uno de los archipiélagos más extraordinarios del planeta.

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