Trabajando con un árbol endémico de Scalesia en peligro de extinción
Cuando las personas piensan en las islas Galápagos, suelen imaginar tortugas gigantes, iguanas marinas y piqueros de patas azules. Antes de llegar aquí, esa era también la imagen que yo tenía. Sin embargo, durante los últimos seis meses descubrí que algunos de los mayores desafíos de conservación de las islas se encuentran silenciosamente en sus bosques.
Como voluntario de la Fundación Charles Darwin, tuve la oportunidad única de contribuir al proyecto de Especies Invasoras Terrestres y Restauración de los Bosques de Scalesia, uno de los ecosistemas más importantes de Galápagos. Aunque la mayor parte del equipo trabaja en Santa Cruz, fui asignado a la isla Isabela para trabajar junto a Pedro Gómez, nacido y criado en la isla y responsable de implementar el proyecto allí desde 2021. En Isabela, me convertí en el primer voluntario de campo de larga duración dedicado a Scalesia cordata, un árbol endémico del sur de la isla.
De las quince especies endémicas de Scalesia que existen en Galápagos, solo tres crecen hasta convertirse en árboles. Scalesia cordata es la más rara de estas tres y se encuentra de manera natural únicamente en las zonas bajas de los volcanes Cerro Azul y Sierra Negra. En la actualidad, apenas permanece el 0,1 % de su población original, debido a la degradación de su hábitat y a la expansión de especies invasoras. Saber que este extraordinario árbol no existe en ningún otro lugar del planeta daba a cada jornada de trabajo un profundo sentido de propósito.
La importancia de Scalesia cordata va mucho más allá del árbol en sí. Con frecuencia descritos como los “bosques de niebla” de Galápagos, los bosques de Scalesia capturan la humedad de la garúa estacional, ayudando a regular los ciclos locales del agua y a estabilizar los suelos volcánicos. Además, proporcionan hábitat para una gran diversidad de plantas endémicas y nativas, insectos, hongos, aves y otras especies de fauna que dependen de este ecosistema único. Recuperar Scalesia cordata significa recuperar toda una comunidad ecológica.
Mi trabajo comenzó con la recolección de cabezuelas florales de las siete poblaciones conocidas de Scalesia cordata ubicadas dentro de áreas protegidas. De regreso en el vivero del Parque Nacional Galápagos, las cabezuelas se secaban cuidadosamente antes de extraer manualmente las diminutas semillas, un proceso lento y delicado que requería paciencia y precisión. Aunque en ocasiones podía resultar repetitivo, cada semilla sana representa una oportunidad para salvar a esta especie que se encuentra al borde de la extinción.
Después de meses de preparación llegó mi parte favorita del proyecto: sembrar las semillas. Observar cómo germinaban y se desarrollaban hasta convertirse en plántulas saludables fue increíblemente gratificante, porque reflejaba meses de trabajo cuidadoso y dedicación. Ver crecer las plántulas en el vivero era un recordatorio constante de que la restauración se construye mediante innumerables esfuerzos, tanto pequeños como grandes.
No menos importante fue el tiempo que dedicamos a eliminar especies de plantas invasoras que compiten agresivamente con la vegetación nativa por la luz, el agua y los nutrientes. A menudo era la parte físicamente más exigente del trabajo, con largas jornadas bajo el sol subtropical y caminatas a través de una vegetación densa. Sin embargo, también constituye uno de los pasos más importantes para restaurar el bosque. Sin el control de las plantas invasoras, los árboles jóvenes de Scalesia tienen pocas posibilidades de sobrevivir y la regeneración natural se vuelve prácticamente imposible.
Uno de los aspectos que más valoré fue comprobar que la conservación se extiende más allá de los límites del Parque Nacional Galápagos. Junto con propietarios de tierras locales, plantamos Scalesia cordata en propiedades privadas mientras explicábamos la importancia ecológica de conservar este árbol único. Ver a miembros de la comunidad involucrarse activamente en la protección de una especie que no existe en ningún otro lugar del mundo fue realmente inspirador. Como explica Pedro: “Restaurar estos bosques solo es posible cuando los científicos y la comunidad local trabajan juntos”.
Vivir seis meses en Isabela me brindó una perspectiva que ningún libro ni aula podría haberme dado. Algunos días fueron físicamente agotadores: transportar equipos a través de una vegetación densa o pasar horas procesando semillas diminutas. Pero esos desafíos hicieron que cada logro fuera todavía más significativo. Trabajar junto a científicos de la Fundación Charles Darwin, guardaparques del Parque Nacional Galápagos y habitantes locales me mostró que una conservación exitosa depende tanto de la colaboración, la confianza y la perseverancia como del conocimiento científico.
Al terminar mi estancia en Isabela, me fui con recuerdos inolvidables, una invaluable experiencia de campo, amistades para toda la vida y una enorme gratitud. Ser voluntario de la Fundación Charles Darwin ha sido una de las experiencias más significativas de mi vida, y me siento profundamente afortunado de haber contribuido a la recuperación de uno de los ecosistemas más raros de Galápagos.
Scalesia cordata continúa enfrentando una situación crítica, pero cada planta invasora eliminada, cada semilla recolectada y cada árbol joven plantado alejan a esta especie un paso más de la extinción.
La investigación científica continua, la restauración a largo plazo y la participación de la comunidad serán esenciales para garantizar que las futuras generaciones puedan conocer estos extraordinarios bosques y la biodiversidad que albergan.