El Niño 2026 en Galápagos
Biodiversidad en primera línea
El océano alrededor de Galápagos está cambiando otra vez. El agua se calienta, las corrientes se modifican y, poco a poco, esas transformaciones comienzan a sentirse en una cadena que puede llegar desde organismos microscópicos hasta pingüinos, iguanas marinas, lobos marinos, tiburones y corales.
El Niño 2026 ya está en marcha. Durante el primer semestre del año, las señales pasaron rápidamente de una transición climática a un escenario de calentamiento sostenido. Para julio, los pronósticos señalaban una alta probabilidad de que el evento continuara fortaleciéndose hacia finales de año.
En Galápagos, El Niño no se mide solamente en grados de temperatura. Se mide también en alimento, reproducción, supervivencia y capacidad de recuperación. Ahí es donde comienza la historia de la biodiversidad.
Cuando cambia el océano, cambia la comida
Las aguas frías que llegan a Galápagos transportan nutrientes fundamentales para la vida marina. Estos alimentan al fitoplancton, pequeños organismos que sostienen buena parte de la cadena alimentaria del océano.
Cuando El Niño calienta el mar y reduce la llegada de esas aguas ricas en nutrientes, la productividad disminuye. Entonces hay menos alimento para pequeños peces y otros organismos; después, esa escasez puede trasladarse hacia quienes se alimentan de ellos.
María José Barragán, directora de Ciencias de la Fundación Charles Darwin, explica que “con agua caliente la productividad primaria baja”. Ese cambio puede parecer invisible desde la superficie, pero sus consecuencias pueden aparecer semanas o meses después. Pingüinos, cormoranes, iguanas marinas, lobos marinos y grandes peces depredadores necesitan encontrar suficiente alimento para mantenerse, reproducirse y alimentar a sus crías. Si la comida disminuye, el problema ya no es solamente el hambre, también puede reducirse el éxito reproductivo de las poblaciones.
Los animales también dejan de reproducirse
Uno de los efectos más importantes de El Niño es que los animales simplemente dejan de reproducirse. Una especie con poco alimento dedica su energía a sobrevivir. Puede abandonar un nido, dejar de aparearse o producir menos crías. En aves marinas, además, las lluvias intensas pueden transformar los lugares donde habitualmente anidan.
María José Barragán recuerda que el problema no está únicamente en encontrar alimento. Algunas especies pueden perder también los espacios apropiados para reproducirse cuando la vegetación cambia o cuando las lluvias y escorrentías alteran las zonas de anidación. Por eso, evaluar El Niño exclusivamente durante los meses en los que el mar está caliente puede ofrecer una imagen incompleta, pues algunas consecuencias se harán visibles después.
Iguanas marinas: mirar la tierra para entender el océano
Entre las especies que pueden contar rápidamente lo que está ocurriendo bajo el agua están las iguanas marinas. Su dependencia de las algas las convierte en excelentes indicadores de los cambios del ecosistema. Si el agua se calienta y las algas de las que se alimentan disminuyen, las iguanas pueden perder peso y, en eventos severos, morir.
“La presencia o ausencia de iguanas nos puede indicar que algo está sucediendo en el mar”, explica Barragán.
Pero para saber qué tan grave es un cambio hay que conocer primero cuántas iguanas había, cómo estaban distribuidas y en qué condiciones se encontraban antes del evento. Ese principio se repite con pingüinos, cormoranes, lobos marinos, aves terrestres y muchas otras especies.
Los corales, entre los más vulnerables
Hay animales que pueden desplazarse en busca de mejores condiciones. Los corales no. Por eso están entre los organismos que más preocupan frente a un El Niño intenso. “Los corales van a ser seguramente los grandes perdedores”, advierte Barragán. Su rango de tolerancia frente a cambios de temperatura y condiciones oceanográficas es particularmente limitado.
La historia de Galápagos explica esa preocupación. Durante El Niño de 1982-1983, los arrecifes del archipiélago sufrieron una mortalidad estimada del 97%. El evento de 1997-1998 volvió a afectar su recuperación y produjo extinciones locales.
Cuando termina El Niño, no necesariamente termina su impacto, ya que algunos ecosistemas pueden necesitar años para recuperarse, y otros pueden no regresar nunca a su condición anterior.
La ventaja de haber observado durante décadas
Durante décadas, los investigadores han regresado a las mismas colonias, contado animales, observado reproducción, registrado temperaturas y estudiado los cambios en los ecosistemas. Eso permite hacer algo que sería imposible si las observaciones comenzaran únicamente cuando aparece una crisis: comparar.
“Mantenemos varios programas que son líneas de investigación basadas en un monitoreo biológico-ecológico a largo plazo”, señala Barragán.
El conocimiento acumulado permite saber si una población cayó, si cambió su distribución, si dejó de reproducirse o si logró recuperarse.
Una historia que apenas comienza
Durante los próximos meses, algunas de sus primeras señales probablemente aparecerán en el océano y en la disponibilidad de alimento. Después podrán observarse cambios en comportamiento, reproducción y distribución de distintas especies. Solo más adelante será posible medir su verdadera dimensión sobre las poblaciones.
Barragán subraya que el valor de esta información estará en orientar decisiones, definir prioridades de conservación y responder con mayor precisión a los cambios que deje el evento. Cuando El Niño termine, será necesario mirar qué especies resistieron, cuáles redujeron sus poblaciones o su reproducción y qué ecosistemas fueron capaces de recuperarse. Esas respuestas serán fundamentales para decidir cómo actuar frente al próximo evento.
Esa memoria científica permitirá comprender qué está cambiando, reconocer qué especies necesitan mayor atención y decidir mejor cómo protegerlas.
Preguntas frecuentes
¿Cómo afecta El Niño 2026 a la biodiversidad de Galápagos?
El aumento de la temperatura del océano puede reducir la disponibilidad de nutrientes y alimento, alterar la reproducción y afectar la supervivencia de especies como pingüinos, iguanas marinas, lobos marinos, cormoranes y corales.
¿Por qué algunas especies dejan de reproducirse durante El Niño?
Cuando el alimento escasea, los animales destinan más energía a sobrevivir. Esto puede reducir su capacidad reproductiva, provocar el abandono de nidos o disminuir el número de crías.
¿Cuál es la situación actual de El Niño 2026?
El Niño continúa fortaleciéndose. Las condiciones oceánicas y atmosféricas del Pacífico ecuatorial muestran que el evento está bien establecido, y los pronósticos indican una alta probabilidad de que siga intensificándose durante los próximos meses.
¿Qué se espera de El Niño durante los próximos meses?
Los pronósticos indican que El Niño podría continuar fortaleciéndose hacia finales de 2026 y persistir durante los primeros meses de 2027. En Galápagos, el monitoreo continuo del océano y de la biodiversidad será fundamental para conocer cómo responden las especies y los ecosistemas.