Cerro Pajas, donde comenzó la batalla por salvar al petrel de Galápagos
Cómo un programa de cinco años en Floreana convirtió una colonia de aves marinas en declive en uno de los primeros casos de éxito de conservación en Galápagos.
Cuando cae la noche sobre las tierras altas de Floreana, el océano parece subir a la montaña, y desde algún punto del Pacífico llegan los petreles de Galápagos (Pterodroma phaeopygia). Vuelan en la oscuridad, atraviesan la costa y buscan las laderas húmedas de Cerro Pajas, donde se esconden sus madrigueras. Durante miles de años hicieron ese viaje sin encontrarse con ratas, gatos, cerdos, cabras o burros.
Pero a comienzos de la década de 1980, algo estaba ocurriendo en la montaña: demasiados petreles entraban al bosque y demasiado pocos jóvenes conseguían salir de él. La historia de su conservación comenzó, precisamente, tratando de entender esas ausencias.
Por qué estaba disminuyendo la población del petrel de Galápagos.
Los estudios realizados desde finales de los años sesenta mostraban un éxito reproductivo extremadamente bajo en algunas colonias. Las investigaciones de la Estación Científica Charles Darwin y del Servicio Parque Nacional Galápagos confirmaron después una caída preocupante de las poblaciones. En Floreana, los trabajos realizados por Malcolm C. Coulter y sus colaboradores identificaron en Cerro Pajas la mayor colonia conocida entonces y advirtieron que también podía estar sufriendo un declive severo.
La amenaza estaba, literalmente, dentro de los nidos. Las ratas negras consumían huevos y polluelos. Los gatos cazaban aves. Los cerdos destruían nidos. Cabras, burros y ganado alteraban la vegetación y pisoteaban madrigueras. A ello se sumaba la pérdida de hábitat provocada por las actividades humanas en las zonas altas de las islas. Era una consecuencia acumulada de dos siglos de introducciones biológicas en Galápagos.
Entonces apareció una pregunta que cambiaría la historia del petrel: ¿era posible intervenir?
Las personas detrás del primer proyecto de conservación del petrel
Uno de los protagonistas de esa primera etapa fue Malcolm C. Coulter, ornitólogo de la Estación Científica Charles Darwin, quien trabajó junto a Felipe Cruz, habitante de Floreana y conocedor de Cerro Pajas. También participaron investigadores y manejadores como Justine B. Cruz, además de especialistas externos que ayudaron a diseñar la estrategia.
1982: un plan de cinco años para controlar las especies invasoras en Floreana
En 1982, el World Wildlife Fund financió a la Estación Científica Charles Darwin y al Servicio Parque Nacional Galápagos para emprender un programa de conservación de cinco años. El objetivo era ambicioso para la época: controlar ratas, gatos, cerdos, cabras y burros dentro de la colonia reproductiva de Floreana.
La conservación dejó entonces de ser únicamente observación. Había que subir a la montaña para encontrar madrigueras entre la vegetación, marcar nidos, revisar huevos, seguir polluelos y regresar una y otra vez a los mismos sitios. Había que colocar cebos para controlar ratas y perseguir otros animales introducidos que amenazaban la colonia.
¿Funcionó el control de depredadores?
A partir de 1983 comenzó el control sistemático de depredadores, y…¡funcionó! El número de polluelos que consiguió abandonar la principal colonia aumentó en ocho de los nueve años evaluados posteriormente. La evidencia mostraba que reducir la presión de los mamíferos introducidos podía cambiar el destino reproductivo del petrel.
En aquellos primeros años, científicos, técnicos, asistentes de campo y guardaparques fueron convirtiendo la investigación en manejo cotidiano. La conservación del petrel dejó de ser solamente un experimento científico y comenzó a integrarse al trabajo institucional del Parque Nacional Galápagos.
Madrigueras artificiales y grabaciones de vocalizaciones.
Felipe y Justine Cruz continuaron investigando el efecto del control de ratas, evaluaron el éxito de los nidos y exploraron incluso soluciones que para la época resultaban innovadoras: madrigueras artificiales y grabaciones de vocalizaciones para atraer petreles jóvenes hacia lugares más seguros. Algunos de esos animales llegaron a reproducirse allí.
Si el control de depredadores se detenía, la amenaza podía regresar. La supervivencia del petrel dependía de sostener el esfuerzo año tras año. Declarar un territorio protegido puede ser apenas el comienzo, cuando un ecosistema ha sido profundamente alterado, conservar significa manejar, restaurar, monitorear y, algunas veces, intervenir durante décadas.
Lo que Cerro Pajas enseñó sobre la conservación en Galápagos
Coulter ayudó a identificar la dimensión del problema y a poner en marcha la respuesta científica. Felipe Cruz aportó conocimiento del territorio y se convirtió en protagonista de la continuidad del proyecto. Justine Cruz ayudó a transformar años de trabajo de campo en evidencia científica. Especialistas internacionales aportaron experiencia. Guardaparques y manejadores hicieron posible que las decisiones tomadas en informes y reuniones llegaran finalmente a las laderas de Cerro Pajas.
En 1996, Justine B. Cruz y Felipe Cruz publicaron una revisión de los esfuerzos realizados entre 1982 y 1991 y concluían que el control de depredadores había aumentado el número de polluelos que conseguían volar. Más de cuatro décadas después, aquella experiencia de conservación permite mirar Cerro Pajas de otra manera: de observar el deterioro a intentar revertirlo.
Una madrugada, después de meses de incubación, controles de ratas, recorridos, lluvias, libretas de campo y vigilancia, un joven petrel sale de su madriguera. Todavía no conoce el océano. Camina unos metros entre la vegetación, abre las alas y finalmente abandona su nido.
Para quienes trabajaron allí, ese vuelo era más que un dato en una tabla. Era la prueba de que el esfuerzo había valido la pena.
Roberto Maldonado
Oficial de Comunicación y Medios Tradicionales
Preguntas frecuentes
¿Está el Petrel de Galápagos en peligro?
Sí. El Petrel de Galápagos (Pterodroma phaeopygia) está clasificado como En Peligro Crítico en la Lista Roja de la UICN, con una población estimada de entre 6.000 y 15.000 individuos maduros y una tendencia poblacional decreciente.
¿Dónde anidan los petreles de Galápagos?
Anidan en madrigueras excavadas en las zonas altas y húmedas de cinco islas: Floreana, Santa Cruz, San Cristóbal, Santiago e Isabela. A comienzos de la década de 1980, Cerro Pajas, en Floreana, fue identificado como la mayor colonia conocida en ese momento.
¿Qué amenazas enfrenta el petrel de Galápagos?
Las ratas, gatos y cerdos introducidos depredan huevos, polluelos y adultos. Las cabras, burros y el ganado degradan el hábitat de anidación, mientras que la expansión agrícola en las zonas altas ha reducido el área disponible para las madrigueras.
¿Por qué es importante Cerro Pajas?
Fue el sitio del primer programa sostenido de control de depredadores para la especie, iniciado en 1982. Los resultados demostraron que el manejo activo podía revertir el fracaso reproductivo y contribuyeron a transformar la conservación en Galápagos: de documentar el declive de las especies a intervenir activamente para revertirlo.