La decisión de 1985 que sostuvo la conservación en Galápagos
En 1985, la Fundación Charles Darwin (FCD) creó su primera organización sin fines de lucro en Estados Unidos para ampliar su base de recaudación en Norteamérica. Fue una decisión clave para la ciencia en Galápagos y cambió la forma de financiar la conservación del archipiélago durante cuatro décadas.
Reconocimiento sin recursos
La FCD se creó en 1959 como organización internacional sin fines de lucro, bajo el auspicio de una joven UNESCO y de la UICN, para asesorar científicamente al recién creado Parque Nacional Galápagos. En 1978, la UNESCO declaró las islas Patrimonio Natural de la Humanidad, y en 1984 el Parque Nacional fue designado Reserva de Biosfera. El reconocimiento internacional crecía, pero el presupuesto no.
La Estación Científica Charles Darwin llevaba casi dos décadas en Puerto Ayora, bajo un convenio de 25 años con el Estado ecuatoriano que vencía en 1989. Sus programas emblemáticos de crianza de tortugas gigantes e iguanas terrestres daban resultados, pero el financiamiento dependía de donaciones puntuales y de algunos aliados europeos, sin reservas para planificar. En 1985, un incendio ardió durante meses en el volcán Sierra Negra, en Isabela, devastó ecosistemas y evidenció la necesidad de recursos previsibles.
Bajo la presidencia de Craig MacFarland (1984–1996), la FCD entendió que la ciencia de largo plazo no se sostiene con fondos de corto plazo.
Aliados de peso en Washington
La idea del fondo patrimonial fue de Kitty y John Lastavica, quienes recomendaron constituir en Delaware una fundación para administrarlo.
La FCD se asoció con The Nature Conservancy y con el Smithsonian Institution para lanzar una campaña de recaudación en Estados Unidos. En marzo de 1985, Ken Margolis y otros representantes de The Nature Conservancy visitaron la Estación para discutir el plan, según registra Noticias de Galápagos.
La meta era un fondo patrimonial de 1,5 millones de dólares, que arrancó en 1987 con un millón. No se trataba de cubrir gastos inmediatos, sino de crear un capital cuyos rendimientos financiaran investigación, educación y conservación.
La campaña tuvo respaldo político al más alto nivel. En una ceremonia en el Smithsonian, el presidente ecuatoriano León Febres Cordero anunció el apoyo de su gobierno al fondo, y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) igualó ese compromiso. Noticias de Galápagos lo resumió con realismo al señalar que el fondo no resolvería todos los problemas, pero daría estabilidad.
Esa sobriedad es quizá la lección más valiosa. Nadie prometió milagros. Se construyó un mecanismo.
La primera ONG en Estados Unidos fue una herramienta, no un símbolo
De esa campaña surgió la Darwin Scientific Foundation, Inc., constituida en Delaware en 1985 como la primera ONG de la FCD en Estados Unidos. Su primer presidente fue S. Dillon Ripley. Los registros del IRS confirman su exención tributaria desde octubre de 1985.
Su función era clara, construir y administrar el fondo patrimonial. En 1989, Noticias de Galápagos la describía como una entidad que recibía donaciones deducibles de impuestos, sin gastos administrativos y con dirección postal en el propio Smithsonian.
Ahí estaba el punto. Sin una entidad legal en Estados Unidos, un donante estadounidense no podía deducir de sus impuestos un aporte a una fundación registrada en Bélgica que operaba en Ecuador. La nueva organización eliminó esa barrera y abrió la puerta al mayor mercado filantrópico del mundo.
Un fondo patrimonial funciona como un ahorro que nunca se toca. El capital permanece invertido y solo se usa una parte de sus rendimientos. Para una estación científica, eso significó poder planificar investigaciones de diez o veinte años sin depender de cada convocatoria, algo que le había faltado durante dos décadas.
El modelo funcionó tan bien que la FCD quiso replicarlo. En 1988 empezó a organizarse un fondo patrimonial paralelo para Europa, bajo el liderazgo del príncipe Enrique de Luxemburgo. En 1995, la Galápagos Darwin Trust ya funcionaba en Luxemburgo para los donantes europeos.
Cuatro décadas después
La semilla de 1985 creció. En 1992, Johannah Barry fundó cerca de Washington la Charles Darwin Foundation, Inc., una organización de membresía que recaudaba fondos para Galápagos, mientras dirigía la Darwin Scientific Foundation. Ambas se fusionaron en 2001 para canalizar fondos hacia la Estación Científica Charles Darwin. La entidad resultante superó los 10.000 miembros y consolidó una red de donantes aún activa. Hoy opera de forma independiente como Galápagos Conservancy y financia iniciativas de conservación de diversas ONG en el archipiélago.
En 2022, la FCD creó otra organización sin fines de lucro en Estados Unidos, Friends of Charles Darwin Foundation, dedicada exclusivamente a su trabajo científico en Galápagos. Sigue el principio de 1985, actualizado a otro tiempo. Esa continuidad es el verdadero dividendo de aquella decisión, cuatro décadas de vínculo estable entre la filantropía estadounidense y la ciencia en las islas.
La conservación de Galápagos no se explica solo por científicos en el campo y guardaparques en las islas. También se debe a decisiones institucionales menos visibles, tomadas en oficinas lejanas, que sostuvieron el trabajo cuando los titulares ya se habían apagado.
Crear la primera ONG en Estados Unidos fue reconocer que la ciencia necesita paciencia, y que la paciencia necesita financiamiento. Cuarenta y un años después, esa lección sigue vigente.