Los Salasacas
La comunidad indígena que ayudó a construir Galápagos
En las islas Galápagos existen miles de historias que merecen ser contadas. Historias de personas que, con su trabajo y esfuerzo, contribuyeron a la colonización del archipiélago y enfrentaron enormes desafíos para construir una vida en uno de los territorios naturales más extraordinarios del planeta. Entre ellas, hay una que rara vez aparece en los relatos históricos: la de miles de hombres y mujeres indígenas que ayudaron a construir las islas que hoy conocemos.
Esa es la historia que rescata la antropóloga Pilar Sánchez Voelkl en su libro Salasacas de Galápagos: colonización indígena, gobierno y conservación del archipiélago. Basado en años de investigación histórica, archivos y decenas de testimonios, el libro reconstruye la presencia del pueblo salasaca en Galápagos y revela cómo una comunidad indígena se convirtió en protagonista del desarrollo de Santa Cruz, mientras permanecía prácticamente invisible en la memoria oficial.
Una migración que ayudó a transformar las islas
El libro demuestra que la historia de los salasacas en Galápagos comenzó mucho antes de lo que suele creerse. Los primeros indígenas de la Sierra central llegaron a las islas en el siglo XIX como trabajadores de las haciendas establecidas en San Cristóbal e Isabela. Sin embargo, fue a partir de la década de 1960 cuando numerosas familias provenientes de la parroquia Salasaca, en Tungurahua, iniciaron un proceso migratorio que marcaría profundamente el desarrollo de Santa Cruz.
Su llegada coincidió con el crecimiento de Puerto Ayora como principal centro urbano del archipiélago. Cientos de familias salasacas construyeron viviendas, caminos, comercios e infraestructura que hicieron posible el crecimiento de la ciudad y acompañaron el desarrollo de la isla.
Hoy se estima que alrededor de tres mil personas de origen salasaca viven en Santa Cruz, convirtiéndose en una de las comunidades humanas más numerosas del archipiélago. Sin embargo, su aporte a la historia de Galápagos había permanecido escasamente documentado.
El precio de integrarse
Uno de los hallazgos más importantes de la investigación es que la integración de los salasacas en Galápagos implicó adaptarse a la realidad de las islas. En su comunidad de origen, los salasacas habían preservado durante generaciones su idioma, su vestimenta y sus tradiciones. En Galápagos, la realidad fue distinta.
La autora describe este proceso como una estrategia de "blanqueamiento cultural", mediante la cual muchas personas preferían decir que provenían de Ambato o Pelileo antes que identificarse como salasacas. Pilar Sánchez resume esa realidad con una reflexión que atraviesa toda la obra:
Esta transformación no significó renunciar a la identidad indígena, sino desarrollar una estrategia para no enfrentar barreras sociales permanentes.
Una comunidad que nunca dejó de resistir
En 1998, la muerte de Bernardo Caiza, conocido como “Cali”, marcó un antes y un después para la comunidad salasaca en Galápagos. Tras fallecer en un accidente, sus familiares no encontraron un lugar donde velarlo y enfrentaron el rechazo de quienes se negaron a prestarles un espacio. Aquella experiencia impulsó a las familias salasacas a organizarse para construir su propia casa comunal. Levantada mediante mingas y aportes de la comunidad, se convirtió en un espacio para preservar sus tradiciones, fortalecer su identidad y dar origen a la Asociación Salasaca, hoy el principal referente de organización y defensa de su patrimonio cultural.
Como recuerda Margarita Masaquiza, presidenta de la Asociación Salasaca de Galápagos:
A partir de 2010 comenzó a consolidarse un proceso de reindigenización entre la comunidad salasaca de Galápagos. Tras años de ocultar su identidad, algunos de sus líderes, entre ellos Margarita Masaquiza, retomaron el uso de la vestimenta tradicional y reivindicaron públicamente su origen indígena. Lejos de representar un retorno al pasado, esta reafirmación cultural simbolizó una expresión de orgullo e identidad y una estrategia para fortalecer la participación comunitaria, visibilizar el aporte histórico y exigir el reconocimiento de sus derechos como pueblo indígena en el archipiélago.
Una nueva forma de entender Galápagos
El principal aporte de esta obra es invitarnos a replantear la manera en que entendemos Galápagos. Durante décadas, la historia del archipiélago ha privilegiado los procesos naturales, la evolución y la conservación de especies únicas. Salasacas de Galápagos demuestra que la historia humana también forma parte del patrimonio de las islas y que comprenderla resulta indispensable para construir una visión más completa del territorio.
En un territorio reconocido mundialmente por su extraordinaria biodiversidad, este libro nos recuerda que también existe una extraordinaria diversidad de historias humanas. Conservar la memoria de quienes ayudaron a construir Galápagos es, igualmente, una forma de conservar el patrimonio del archipiélago.