La ciencia detrás de una declaratoria
Cuando Galápagos se convirtió en Reserva de la Biosfera
En 1978, las islas Galápagos fueron inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, durante la segunda sesión del Comité del Patrimonio Mundial. Seis años después, en 1984, el archipiélago fue incorporado a la Red Mundial de Reservas de Biosfera. Ambas declaratorias están relacionadas con la conservación de Galápagos, pero responden a conceptos y objetivos diferentes.
El Programa Hombre y la Biosfera -MAB, por sus siglas en inglés- plantea integrar la conservación de la biodiversidad con el desarrollo sostenible, la investigación, el monitoreo, la educación y la formación. Es decir, busca comprender y construir una relación sostenible entre las personas y su entorno.
Los antecedentes de la postulación
En 1980, Peter Kramer planteó que el Gobierno del Ecuador y el Comité Nacional del Programa Hombre y la Biosfera promovieran ante la UNESCO la incorporación de Galápagos como Reserva de la Biosfera. La propuesta buscaba ampliar la mirada sobre la conservación del archipiélago e integrar la protección de sus ecosistemas con la investigación y el desarrollo humano.
Un año después, en junio de 1981, durante la 18.ª sesión de trabajo de la Comisión de Parques Nacionales y Áreas Protegidas de la UICN, la iniciativa recibió un respaldo importante. La Comisión consideró que la designación de Galápagos como Reserva de la Biosfera debía ser una cuestión de “primera prioridad y urgencia” para Ecuador y señaló que las islas cumplían los requisitos básicos para recibir esa categoría.
El respaldo científico e internacional tomó mayor fuerza en 1983, cuando Friedemann Köster y José Villa, de la Estación Científica Charles Darwin, prepararon Science for Conservation in the Galapagos, documento presentado por Köster en el Primer Congreso Internacional de Reservas de Biosfera, celebrado en Minsk. Allí expusieron la excepcionalidad ecológica del archipiélago, la experiencia acumulada en investigación y manejo y la necesidad de integrar conservación y desarrollo.
La postulación oficial
Una publicación de la UICN de 1986 aporta una evidencia clave sobre el papel del Estado ecuatoriano en este proceso. En un artículo de Arturo Ponce, entonces jefe de Áreas Naturales y Vida Silvestre del Ecuador, se señala expresamente que fue el Gobierno ecuatoriano el que presentó la solicitud para que Galápagos fuera designado Reserva de la Biosfera. Esta petición fue posteriormente aceptada por el Programa Hombre y la Biosfera (MAB) de la UNESCO.
El reconocimiento no suponía únicamente reforzar la protección de un territorio excepcional, sino integrar conservación, conocimiento científico y desarrollo, de manera que la protección de los ecosistemas pudiera articularse con las necesidades y dinámicas de la sociedad que habita las islas.
La ciencia construye el argumento
En el documento elaborado por Friedemann Köster y José Villa, de la Estación Científica Charles Darwin, se demostraba que Galápagos no solamente poseía una biodiversidad extraordinaria, sino que también existía una experiencia científica acumulada capaz de ofrecer soluciones concretas a problemas de conservación.
Los autores describieron, entre otros, el impacto de los perros ferales sobre iguanas marinas, pingüinos, lobos marinos y aves, así como los programas implementados para reducir sus poblaciones. En Cerro Pajas, Floreana, el monitoreo del petrel de Galápagos permitió identificar el impacto de ratas y gatos sobre huevos, polluelos y adultos. Los primeros resultados del control realizado en 1983 indicaban que al menos la mitad de los huevos y polluelos podían sobrevivir después de reducirse la población de ratas en el área de intervención. También se estudiaba la pequeña hormiga de fuego, Wasmannia auropunctata, cuya expansión estaba reduciendo la diversidad de otros invertebrados. Para Köster y Villa, entonces, Galápagos ya comenzaba a convertirse también en un laboratorio de ciencia aplicada a la conservación.
Köster y Villa resaltaban que, ante el crecimiento de los asentamientos, la agricultura, el turismo y la inmigración, el Gobierno ecuatoriano había creado un organismo encargado de coordinar de manera integral esos procesos y estaba preparando un Plan Maestro para la conservación y el desarrollo social de Galápagos.
Esto permitió comprender el proceso como una convergencia entre la ciencia que ayudó a construir el argumento internacional y el marco jurídico que aportó el Estado ecuatoriano, la administración del área protegida y finalmente la postulación oficial.
Visión de futuro
En la sección final del documento de Köster y Villa planteaban que el gran desafío de Galápagos ya no era solamente proteger especies. El crecimiento económico, el turismo, la agricultura, la urbanización y la inmigración obligaban a pensar simultáneamente en conservación y sociedad. Por eso consideraban que una Reserva de la Biosfera podía ayudar a superar la aparente contradicción entre conservación y desarrollo, integrando criterios ecológicos dentro de las decisiones sobre el futuro del archipiélago.
Galápagos sumó así un reconocimiento diferente y complementario, seis años después de convertirse en Patrimonio Mundial. Si el primero había confirmado el valor universal de sus ecosistemas, el segundo reconocía que el futuro de las islas dependería de la capacidad de usar la ciencia para reconciliar la conservación de un patrimonio excepcional con las necesidades de la sociedad que vive en él.